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ALOCUCIÓN DEL SANTO
PADRE JUAN PABLO II A UNA DELEGACIÓN LUTERANA
Lunes 24 de marzo de 2003
Queridos amigos:
Me complace dar la bienvenida a la delegación de la Iglesia evangélica
luterana de Estados Unidos, que está realizando un viaje ecuménico a
Estambul, Roma y Canterbury. Aprovecho también esta ocasión para expresar mis
mejores deseos al obispo Mark Hansen, al comenzar su misión como obispo
presidente de la Iglesia evangélica luterana de Estados Unidos, y como
vicepresidente de la Federación luterana mundial. Ojalá que vuestra visita os
confirme en vuestro compromiso en favor de la causa de la unidad cristiana.
La búsqueda de la comunión plena entre todos los cristianos es un deber que
brota de la oración del Señor mismo (cf. Jn 17, 21). En los últimos
tiempos hemos llegado a apreciar aún más la fraternidad existente entre los
luteranos y los católicos, que llevó a la Declaración conjunta sobre la
doctrina de la justificación, firmada en 1999. En ese documento afrontamos
el desafío de construir sobre lo que ya se ha logrado, fomentando más
ampliamente a nivel local una espiritualidad de comunión caracterizada
por la oración y por el testimonio común del Evangelio. En una situación
mundial llena de peligros e inseguridad, todos los cristianos están llamados a
mantenerse unidos en la proclamación de los valores del reino de Dios. Los
acontecimientos de los últimos días hacen mucho más urgente este deber.
Me uno a vosotros para pedir a Dios todopoderoso que conceda al mundo la paz,
que es fruto de la justicia y de la solidaridad (cf. Is 32, 16-17). Sobre
vosotros y sobre vuestras familias invoco de corazón abundantes bendiciones de
Dios.
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