|
VIAJE
APOSTÓLICO DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II A POLONIA
ÁNGELUS DE JUAN
PABLO II
Explanada Błonia, Cracovia Domingo
18 de agosto de 2002
Antes de concluir la liturgia con la plegaria del Ángelus,
quiero dirigirme a los jóvenes. Lamentablemente, durante esta visita no ha
sido posible tener un encuentro especial con ellos, a los que he visto a lo
largo del recorrido de la peregrinación. Sé que está aquí presente un
grupo numeroso de miembros del movimiento Luz y vida, que han pasado la
noche en oración en la iglesia de San Pedro y San Pablo, en la parroquia de
Todos los Santos, para encontrarse con el Papa durante esta santa misa
solemne. Recuerdo que hace exactamente treinta años, el 16 de agosto, en
Blyszcz, cerca de Tylmanowa, a orillas del río Dunajec, participé en los
así llamados "Días de comunión". Dije entonces que me era
familiar el estilo de vida propuesto a los jóvenes por el siervo de Dios
padre Francisco Blachnicki. Y nunca he cambiado de idea.
Doy gracias a Dios por este movimiento, que durante los años difíciles del
pasado dio tantos frutos espirituales en el corazón de los jóvenes, y hoy
constituye un ambiente estimulante para el crecimiento espiritual de la
juventud y de las familias. Amados miembros del Oasis, cuando era
obispo de Cracovia traté de sosteneros con mi presencia; como Obispo de Roma,
sigo acompañándoos ininterrumpidamente con la oración y la cercanía
espiritual. Que el amor a la Eucaristía y a la Biblia ilumine siempre con luz
divina los senderos de vuestra vida.
Saludo asimismo a los miembros de la Asociación católica de la juventud,
así como a los scouts. También a vosotros os encomiendo incesantemente a la
protección de la Madre santísima. Que Dios os bendiga a todos.
Amadísimos jóvenes amigos, recientemente en Toronto (Canadá), se celebró
el encuentro especial de los jóvenes de todo el mundo, que tiene lugar cada
dos años, llamado Jornada mundial de la juventud. Fue un acontecimiento
maravilloso, vivido con espíritu de fe; la fe es el fundamento sólido del
entusiasmo de las aspiraciones y de los propósitos juveniles. Como ya he
dicho, a orillas del lago Ontario revivimos la experiencia de la gente de
Galilea, a la que Jesús entregó el mensaje de las Bienaventuranzas en la
ribera del lago de Tiberíades. Hoy evoco esa experiencia, teniendo presente
el mensaje sobre la Misericordia divina. A través de santa Faustina Dios os
lo entrega a vosotros, para que a su luz comprendáis mejor lo que quiere
decir ser pobres de espíritu, misericordiosos, constructores de paz,
hambrientos y sedientos de justicia y, por último, perseguidos a causa del
nombre de Jesús. En todo tiempo se necesita el testimonio de hombres que
vivan según las Bienaventuranzas. También se necesita hoy. Pido a Dios que
vuestra vida, vivida según esta exigente medida divina, represente un
testimonio atractivo de la Misericordia en nuestro tiempo.
Recordad que Cristo os envuelve incesantemente en su amor misericordioso.
Que esta certeza os llene de paz y os conduzca por los difíciles senderos de
la cotidianidad.
Deseo saludar también, de modo especial, a los miembros de la Asociación Amigos de los leprosos
del padre Juan Beyzym, que continúa con fruto su misión de ayuda a los
leprosos. Os pido que no cese jamás vuestra obra de misericordia, y que
vuestro patrono os sostenga.
Saludo también a los que han encontrado lugar al pie de la colina de
Kosciuszko y en Aleje.
Saludo a los peregrinos de la archidiócesis de Varsovia, guiados por el
cardenal primado. La beatificación del arzobispo Segismundo Félix Felinski
se ha celebrado en Cracovia, porque aquí terminó su vida, pero siempre será
el patrono de vuestra archidiócesis, a la que sirvió por un breve período,
pero dejando una huella indeleble de su profunda espiritualidad. Por su
intercesión, invoco prosperidad para la capital y para todos sus habitantes.
No puedo olvidar la archidiócesis de Przemysl, que hoy se alegra porque ha
sido elevado a la gloria de los altares el padre Juan Balicki. Saludo al
arzobispo Józef, al clero y a los fieles, y pido a Dios que el culto del
nuevo patrono dé abundantes frutos de gracia en el corazón de todos.
Saludo a los padres jesuitas, con su prepósito general. Hoy tenéis a un
nuevo beato: Juan Beyzym. Que su entrega a la causa de Dios y del hombre
necesitado sea un ejemplo que os estimule a emprender siempre nuevas tareas,
según las exigencias de los tiempos.
Ya he recordado a las religiosas Seráficas y a las Religiosas de la
Bienaventurada Virgen María de la Misericordia: las saludo una vez
más, deseándoles que aumenten su número y sus méritos ante Dios y ante los
hombres.
Por último, hay que atender a los huéspedes, que han venido de varias
partes del mundo. Permitidme, por tanto, saludar a los peregrinos procedentes
de Lituania, Rusia, Ucrania, Bielorrusia, Uzbekistán, Eslovaquia, República
Checa, Hungría, Italia, Austria, Canadá, Inglaterra, Francia, Alemania,
Suecia, Suiza, Estados Unidos y de los otros países. Su presencia testimonia
que el culto a la Misericordia divina se difunde en toda la tierra. ¡Gracias
a Dios! Estoy convencido de que ellos llevarán este mensaje a sus familiares
y a los ambientes en los que viven. Oro para que este sea un don de esperanza
y paz para todos los hombres de buena voluntad.
Deseo saludar también en diversas lenguas a nuestros huéspedes.
Saludo ahora a los fieles lituanos. Queridos hermanos, os exhorto a sacar
siempre de la oración la fuerza para adheriros fielmente al Evangelio,
convirtiéndoos en auténticos testigos de la misericordia de Dios. Él es el
camino, la verdad y la vida para todo hombre y para todos los pueblos. Os
bendigo de corazón.
Saludo con afecto a los fieles de la Federación Rusa. Queridos hermanos,
tened fija la mirada en Cristo. Él da a cada uno la energía necesaria para
responder a los desafíos de nuestro tiempo. Escuchad la voz de Dios, que os
llama a ser sus hijos y templos del Espíritu del amor. Os bendigo a todos y
cada uno.
Saludo cordialmente a los obispos católicos de Bielorrusia, todos aquí
presentes, y a los fieles que los acompañan. Les doy las gracias con afecto y
les deseo a cada uno todo bien en el Señor.
Dirijo un cordial saludo a los peregrinos procedentes de Ucrania. Que el
ejemplo de los nuevos beatos y la intercesión materna de María susciten en
cada uno una renovada fidelidad a Dios, "rico en misericordia", y un
amor cada vez más generoso a los hermanos. A todos os bendigo.
Dirijo un cordial saludo a los peregrinos procedentes de Eslovaquia. Dios,
rico en misericordia, por intercesión de los nuevos beatos y de María
santísima, suscite en vuestro corazón un renovado amor, una fidelidad
continua a Cristo Señor y una generosa caridad con el
prójimo. A todos mi bendición particular.
Un cordial saludo a los peregrinos procedentes de la República Checa: Dios,
rico en misericordia, os proteja y bendiga a vosotros y vuestra querida
patria. ¡Alabado sea Jesucristo!
Saludo con afecto a los peregrinos de Uzbekistán y aprovecho su presencia
para enviar a todo el pueblo uzbeko la seguridad de mi cercanía espiritual.
Saludo cordialmente a los fieles húngaros. Confiad en la misericordia de
Dios, porque su misericordia es inagotable. ¡Alabado sea Jesucristo!
Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua francesa. Cristo Salvador,
que ha revelado plenamente la misericordia infinita del
Padre a todos los hombres, os convierta en ardientes
testigos de esperanza y
paz. Con la bendición apostólica.
Me complace saludar a los peregrinos procedentes de Inglaterra, Canadá y
Estados Unidos presentes en la misa de hoy. Dios, rico en misericordia, os
conceda toda bendición celestial a vosotros y a vuestras familias.
Saludo cordialmente a todos los peregrinos de lengua alemana. La
misericordia de Dios es grande. Confiad en ella. Os imparto de buen grado la
bendición apostólica.
Un cordial saludo a los peregrinos italianos aquí presentes y a los que
están unidos a nosotros a través de la radio y la televisión. Que María y
los nuevos beatos os ayuden a cada uno a seguir fielmente a Dios, "rico
en misericordia", y a amar generosamente a los hermanos. Imparto a todos
mi bendición.
Y ahora encomendemos todas nuestras intenciones a la Madre de Dios, Madre de
misericordia.
Para concluir, quisiera añadir que precisamente este canto de los
"Oasis" me acompañó fuera de mi patria hace 23 años. Lo tenía en
mis oídos durante el cónclave. Y este canto de los "Oasis" lo he
tenido presente durante todos estos años. Era como la respiración oculta de
la patria. Era también una guía en medio de los diversos caminos de la
Iglesia. Y este canto me ha traído muchas veces espiritualmente aquí, a
Blonia de Cracovia, al pie de la colina de Kosciuszko.
Te doy gracias, canto de los "Oasis". Te doy gracias, Blonia de
Cracovia, por tu hospitalidad, demostrada tantas veces y también hoy. Que
Dios te lo pague. Quisiera añadir: ¡Hasta la vista! Pero esto está
completamente en las manos de Dios. Encomiendo esto enteramente a la
misericordia de Dios.
|