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SOLEMNIDAD DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE MARÍA

BENEDICTO XVI

ÁNGELUS

Plaza de San Pedro
Jueves 8 de diciembre de 201
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[Vídeo]

 

Queridos hermanos y hermanas:

Hoy la Iglesia celebra solemnemente la Inmaculada Concepción de María. Como declaró el beato Pío IX en la carta apostólica Ineffabilis Deus de 1854, ella «fue preservada, por particular gracia y privilegio de Dios todopoderoso, en previsión de los méritos de Jesucristo Salvador del género humano, inmune de toda mancha de pecado original». Esta verdad de fe está contenida en las palabras de saludo que le dirigió el arcángel Gabriel: «Alégrate, llena de gracia: el Señor está contigo» (Lc 1, 28). La expresión «llena de gracia» indica la obra maravillosa del amor de Dios, que quiso devolvernos la vida y la libertad, perdidas con el pecado, mediante su Hijo Unigénito encarnado, muerto y resucitado. Por esto, desde el siglo II, tanto en Oriente como en Occidente, la Iglesia invoca y celebra a la Virgen que, con su «sí», acercó el cielo a la tierra, convirtiéndose en «madre de Dios y nodriza de nuestra vida», como dice san Romano el Melode en un antiguo cántico (Canticum XXV in Nativitatem B. Mariae Virginis, en J.B. Pitra, Analecta Sacra t. I, París 1876, p. 198). En el siglo VII, san Sofronio de Jerusalén elogia la grandeza de María porque en ella el Espíritu Santo estableció su morada, y dice: «Tú superas todos los dones que la magnificencia de Dios ha derramado sobre cualquier persona humana. Más que todos, eres rica por la posesión de Dios que ha puesto su morada en ti» (Oratio II, 25 in SS. Deiparæ Annuntiationem: pg 87, 3, 3248 AB). Y san Beda el Venerable explica: «María es bendita entre las mujeres, porque con el adorno de la virginidad ha gozado de la gracia de ser madre de un hijo que es Dios» (Hom I, 3: CCL 122, 16).

También a nosotros se nos ha otorgado la «plenitud de la gracia» que debemos hacer resplandecer en nuestra vida, porque «el Padre de nuestro Señor Jesucristo —escribe san Pablo— nos ha bendecido con toda clase de bendiciones espirituales (...), nos eligió antes de la fundación del mundo para que fuésemos santos e intachables (...), y nos ha destinado por medio de Jesucristo (...) a ser sus hijos» (Ef 1, 3-5). Esta filiación la recibimos por medio de la Iglesia, en el día del Bautismo. A este respecto, santa Hildegarda de Bingen escribe: «La Iglesia es, por tanto, la virgen madre de todos los cristianos. Con la fuerza secreta del Espíritu Santo los concibe y los da a luz, ofreciéndolos a Dios para que también sean llamados hijos de Dios» (Scivias, visio III, 12: CCL Continuatio Mediævalis XLIII, 1978, p. 142). Y, por último, entre los numerosísimos cantores de la belleza espiritual de la Madre de Dios destaca san Bernardo de Claraval, el cual afirma que la invocación «Dios te salve, María, llena de gracia» es «grata a Dios, a los ángeles y a los hombres. A los hombres gracias a la maternidad, a los ángeles gracias a la virginidad, a Dios gracias a la humildad» (Sermo XLVII, De Annuntiatione Dominica: SBO VI, 1, Roma 1970, p. 266). Queridos amigos, en espera de realizar esta tarde, como es tradición, el homenaje a María Inmaculada en la plaza de España, dirijamos nuestra ferviente oración a Aquella que intercede ante Dios, para que nos ayude a celebrar con fe la Navidad del Señor, ya cercana.


Después del Ángelus

Dirijo un saludo especial a la Academia pontificia de la Inmaculada, recordando con afecto al cardenal Andrzej Maria Deskur, que la presidió durante muchos años. Que la Virgen os asista siempre, queridos amigos, en todas vuestras actividades. También expreso mi cercanía espiritual a los miembros de la Acción Católica italiana, que en la fiesta de la Inmaculada renuevan su adhesión a la Asociación. La Acción Católica es una escuela de santidad y de evangelización: deseo todo bien a su compromiso formativo y apostólico.

(En francés)

La oración del Ángelus me ofrece la alegría de saludar a los fieles de lengua francesa presentes aquí en la plaza de San Pedro y a los que están unidos a nosotros por radio y televisión. En esta solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Virgen María, dirijamos nuestra mirada hacia la esclava del Señor, que resplandece de belleza y pureza. Tomémosla como modelo. Siguiendo su ejemplo estemos atentos a Dios. Vigilantes en la oración, estaremos más dispuestos a decir nuestro «sí» diario a su amor. Con María, tengamos confianza y serenidad, porque el Señor viene a salvar a su pueblo. Con mi bendición apostólica.

(En inglés)

Me complace saludar a los fieles y visitantes de lengua inglesa en este gran día de fiesta, en el que celebramos la Inmaculada Concepción de la Virgen María. En su intachable perfección, María es un gran signo de esperanza para la Iglesia y para el mundo, un signo de las maravillas que la gracia de Dios puede realizar en nosotros, sus criaturas humanas. En estos días de Adviento, en compañía de la santa e inmaculada Madre de Dios, preparémonos para acoger a su Hijo en nuestra vida y en nuestro corazón. Que Dios derrame sus bendiciones de alegría y paz sobre todos vosotros, y sobre vuestras familias y vuestros seres queridos.

(En alemán)

Dirijo un cordial saludo a los peregrinos y visitantes de los países de lengua alemana. En la fiesta de la Inmaculada Concepción miramos, llenos de alegría, a María, en la cual Dios se preparó una morada maravillosa. La santísima Virgen fue concebida sin pecado original y dio siempre al Señor su amor puro e indiviso. Que ella sea para nosotros un modelo y una intercesora en nuestra vocación a la santidad, y nos ayude a preparar una digna morada para Dios en nuestro corazón. Os deseo una fiesta llena de bendiciones.

(En español)

Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española que participan en esta oración mariana. En particular, al grupo de la parroquia San Blas, de Tortosa, y al del Colegio Claret, de Madrid. Celebramos hoy el misterio de la Inmaculada Concepción de santa María Virgen, la «llena de gracia», como la llamó el arcángel Gabriel, la nueva Eva, esposa del nuevo Adán, la Madre de los redimidos, en la que Dios «preparó una digna morada para su Hijo». Confío a ella las intenciones y los santos deseos que inspira en nosotros este tiempo de Adviento, así como las necesidades y angustias de aquellos que están privados de libertad, carecen de trabajo o pasan por momentos de dificultad o dolor. Muchas gracias.

(En polaco)

Dirijo ahora mi pensamiento y mis palabras de saludo a todos los polacos. «Alégrate, llena de gracia: el Señor está contigo» (Lc 1, 28). Estas son las palabras que el ángel, como bien sabéis, dirigió a María, Madre de Dios. Las repetimos de buen grado en nuestra oración diaria, las recordamos hoy, meditando el misterio de su Inmaculada Concepción. Que María nos ayude a evitar el pecado, a ser fieles a la voluntad de Dios y a llevar a los hermanos el amor, la alegría y la bondad. Bendigo de corazón a todos los que desean imitar la santidad de su vida.

 

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